La concatenación comienza el 6 de
septiembre de 1951; con la visita de la primera dama a Ituzaingó, para inaugurar
la Colonia de
Vacaciones de la UTA. Un
gremio combativo, que por aquellos años se atrevió a parar durante el gobierno
de Juan Domingo Perón y mereció el repudio de su esposa. Evita los acusó de
estar al servicio de la oligarquía, patrocinada por el diario La Prensa (momento retratado
por Esther Goris en la película de Campanella). Pero esta confrontación política
no la privó de celebrar con los gremialistas en nuestro partido. El
acontecimiento, permaneció oculto para la mayoría de nosotros y sólo presente
en dichos vecinales, cercanos al mito. Hasta que una nueva espiral de la
historia hizo necesario ponerlo de manifiesto.
Para contar los hechos, es imperativa una
conceptualización del pasado. Se hace necesario un ejercicio contextual, del
lugar, la idiosincrasia y el momento histórico en que los acontecimientos salen
a la luz. Así, de este modo, estaremos en condiciones de dilucidar por qué,
sólo después de sesenta y un años, la historia encontró un camino para
manifestarse. Afortunadamente, gracias al único archivo que no han podido
violar, manipular, acallar o desaparecer –la memoria de los vecinos- pudimos
rescatar la verdad y estamos en condiciones de asegurar que Evita estuvo en
Ituzaingó.
Durante los tardíos 80 transcurre un
periodo de transición en la vida nacional, y nuestro barrio, al oeste del Conurbano,
no estuvo ajeno a las vicisitudes del país. Por entonces, devino un período
bisagra, con una dictadura que no terminaba de irse y un terrorismo de Estado
que permaneció en el poder aunque ya en democracia; creando una violencia
institucional que devengó iniquidades políticas, sociales y económicas.
A causa de los acontecimientos, casi una
década antes que obtuviéramos la autonomía con la creación del Municipio de
Ituzaingó, el barrio había cambiado notoriamente. La cordialidad vecinal se
había retirado para dar lugar a una desconfianza en el prójimo. Con escasas
excepciones, el individualismo ganaba territorio sobre la vida cotidiana. Las
acciones grupales resultaban poco frecuentes o intentos fallidos. Las sociedades
de fomento no portaban el mismo entusiasmo para el bienestar general, que las
había caracterizado en épocas anteriores al golpe del 66 y 76, cuando los
vecinos sin banderías se reunían para realizar obras conjuntas. La sociedad se
encaminaba al despiadado neoliberalismo de los noventa.
Afortunadamente, algunos conservaban el
recuerdo de ese trato llano, sin tapujos, entre vecinos y guardaban en su
interior el fervor solidario…y sobrevivieron para contarlo. Uno de ellos fue
Juan Alberto Calandria, propietario del corralón de materiales de Brandsen y
Gaona. Una tarde, seguramente de sábado, mientras le realizaba un pedido y él estacionaba
su destartalado camión playo (es posible que fuera un Bedford) me confió una
experiencia inusitada: Evita había estado ahí, en ese gran patio semiárido donde
ahora se acumulaba arena, hierros, ladrillos y materiales de construcción. Me
cuenta que la comitiva encabezada por la primera dama tenía previsto inaugurar la Colonia de Vacaciones de la Unión Tranviarios Automotor, en
un predio cercano a la costa del río. Habían llegado desde la antigua Ruta 7 y
tomado por la calle Brandsen. A causa de una lluvia torrencial durante la noche
anterior, la antigua Gaona de tierra estaba intransitable. Al intentar seguir
la marcha, los coches quedaron empantanados. Entonces, le habrían solicitado
realizar el acto y un almuerzo festivo allí mismo.
Lo escuchaba atentamente, sin poder dar
crédito a lo que me contaba. Entretanto, me interrogaba sobre la veracidad del
relato. ¿Cómo era posible en una zona por entonces despoblada, al borde del
urbanismo de la época? (Ya en 1992, el lote que había comprado no contaba ni
siquiera con tendido de red eléctrica). Por entonces, no era una zona fabril. Es sabido que los desvelos
de Eva Perón se relacionaban con los trabajadores y sus fuentes de trabajo.
Pero, también bregó por los únicos privilegiados: los hijos de los
trabajadores. Y por ahí justificaba la verosimilitud del relato.
Veinte años después me encontré nuevamente,
comprando materiales, en el corralón. Juan Alberto Calandria ya falleció, y mi
interlocutor ahora era su hijo menor, Héctor. Le pregunto sobre los dichos de
su padre. Me dirige a su hermano mayor: “El sabe”. Juan Carlos suelta la
respuesta como si hubiese aguardado la inquisición por largo tiempo, como si la
tuviera reservada para ese momento y exclama. “¡Sí. Si mi papá me contó que la
señora me tuvo en brazos! Yo tenía cinco años”. De esta forma, reproduce la
transmisión oral, esa que nunca se pierde. Por entonces las familias Calandria
y Andreóli eran vecinos, fusionaron en matrimonio y unieron sus propiedades.
Así crearon -al paso del antiguo Puente Márquez-, un complejo de almacén,
pulpería y recreo para los viandantes llamado El Descanso; al final de la calle
Brandsen. Era la única calle asfaltada, allá por 1930, y el límite de la
civilización hasta que hicieron la
Autopista del Oeste. Del otro lado de la Gaona : a excepción de
algunas quintas, el campo hasta el río Reconquista. Evita compartió toda la
jornada con los compañeros tranviarios. Hicieron un asado en el patio y
tendieron las mesas. Calandria se enorgullece al decir que ya entonces el lugar
contaba con instalaciones completas, con agua caliente en los baños. A media
tarde, un poco fatigada por el viaje y su delicado estado de salud, la esposa
del primer mandatario pidió un lugar para descansar. Le ofrecieron una
habitación donde hoy funciona la oficina del corralón. A grandes rasgos, son
las evocaciones transmitidas de padre a hijo. Hay otro testigo, Francisco
Andreoli, tío de los Calandria, que aportó su testimonio.
Con estos datos me dirigí al Museo Evita
para corroborarlos y evidenciar la fecha exacta. Recorrí los cuatro tomos que
contienen las efemérides del diario Democracia hasta dar con la noticia. Fue el
6 de septiembre de 1951. Dar con la fecha exacta me permitió buscar más
información e imágenes fotográficas. En la sede central de la Unión Tranviarios Automotor no tienen siquiera
registro del hecho. La Colonia
de Vacaciones está cerrada por refacciones.
Además, procuré corroborar con diarios de
la época y encontré que el diario La
Nación cubrió la noticia con un pequeño párrafo. También el
diario Clarín; éste publica una foto de Eva Perón en pleno discurso ante los
miembros del gremio tranviario y reproduce el discurso íntegro de la abanderada
de los humildes.
.
Comparto la evocación y las imágenes, en
la seguridad que estos recuerdos contribuyen a afianzar la identidad vecinal y,
a la instalación de la certeza sobre el paso de María Eva Duarte de Perón por
Ituzaingó. Un acontecimiento relevante y digno de conmemorar el próximo 6 de
septiembre. El Descanso, aún conserva su fachada de piedra vítrea, que compone
el nombre en forma vertical a un lado del frente. Tal vez, a la espera de la
colocación de una placa o monolito en
homenaje a la figura emblemática por excelencia del pueblo argentino.
Virginia Márquez
.jpg)