El 7 de mayo próximo pasado fue un nuevo aniversario del nacimiento de María Eva Duarte de Perón. En Ituzaingó, tenemos posibilidad de rendir nuestro humilde homenaje con una anécdota lugareña. Por esas casualidades de la historia, a causa de este hecho, podríamos establecer un enlace sincrético entre Ituzaingó, Evita y la reciente huelga de micros de larga distancia; sospechada de lock out patronal.
La concatenación comienza el 6 de septiembre de 1951; con la visita de la primera dama a Ituzaingó, para inaugurar la Colonia de Vacaciones de la UTA. Un gremio combativo, que por aquellos años se atrevió a parar durante el gobierno de Juan Domingo Perón y mereció el repudio de su esposa. Evita los acusó de estar al servicio de la oligarquía, patrocinada por el diario La Prensa (momento retratado por Esther Goris en la película de Campanella). Pero esta confrontación política no la privó de celebrar con los gremialistas en nuestro partido. El acontecimiento, permaneció oculto para la mayoría de nosotros y sólo presente en dichos vecinales, cercanos al mito. Hasta que una nueva espiral de la historia hizo necesario ponerlo de manifiesto.

Para contar los hechos, es imperativa una conceptualización del pasado. Se hace necesario un ejercicio contextual, del lugar, la idiosincrasia y el momento histórico en que los acontecimientos salen a la luz. Así, de este modo, estaremos en condiciones de dilucidar por qué, sólo después de sesenta y un años, la historia encontró un camino para manifestarse. Afortunadamente, gracias al único archivo que no han podido violar, manipular, acallar o desaparecer –la memoria de los vecinos- pudimos rescatar la verdad y estamos en condiciones de asegurar que Evita estuvo en Ituzaingó.
Durante los tardíos 80 transcurre un periodo de transición en la vida nacional, y nuestro barrio, al oeste del Conurbano, no estuvo ajeno a las vicisitudes del país. Por entonces, devino un período bisagra, con una dictadura que no terminaba de irse y un terrorismo de Estado que permaneció en el poder aunque ya en democracia; creando una violencia institucional que devengó iniquidades políticas, sociales y económicas.
A causa de los acontecimientos, casi una década antes que obtuviéramos la autonomía con la creación del Municipio de Ituzaingó, el barrio había cambiado notoriamente. La cordialidad vecinal se había retirado para dar lugar a una desconfianza en el prójimo. Con escasas excepciones, el individualismo ganaba territorio sobre la vida cotidiana. Las acciones grupales resultaban poco frecuentes o intentos fallidos. Las sociedades de fomento no portaban el mismo entusiasmo para el bienestar general, que las había caracterizado en épocas anteriores al golpe del 66 y 76, cuando los vecinos sin banderías se reunían para realizar obras conjuntas. La sociedad se encaminaba al despiadado neoliberalismo de los noventa.

Afortunadamente, algunos conservaban el recuerdo de ese trato llano, sin tapujos, entre vecinos y guardaban en su interior el fervor solidario…y sobrevivieron para contarlo. Uno de ellos fue Juan Alberto Calandria, propietario del corralón de materiales de Brandsen y Gaona. Una tarde, seguramente de sábado, mientras le realizaba un pedido y él estacionaba su destartalado camión playo (es posible que fuera un Bedford) me confió una experiencia inusitada: Evita había estado ahí, en ese gran patio semiárido donde ahora se acumulaba arena, hierros, ladrillos y materiales de construcción. Me cuenta que la comitiva encabezada por la primera dama tenía previsto inaugurar la Colonia de Vacaciones de la Unión Tranviarios Automotor, en un predio cercano a la costa del río. Habían llegado desde la antigua Ruta 7 y tomado por la calle Brandsen. A causa de una lluvia torrencial durante la noche anterior, la antigua Gaona de tierra estaba intransitable. Al intentar seguir la marcha, los coches quedaron empantanados. Entonces, le habrían solicitado realizar el acto y un almuerzo festivo allí mismo.
Lo escuchaba atentamente, sin poder dar crédito a lo que me contaba. Entretanto, me interrogaba sobre la veracidad del relato. ¿Cómo era posible en una zona por entonces despoblada, al borde del urbanismo de la época? (Ya en 1992, el lote que había comprado no contaba ni siquiera con tendido de red eléctrica). Por entonces,  no era una zona fabril. Es sabido que los desvelos de Eva Perón se relacionaban con los trabajadores y sus fuentes de trabajo. Pero, también bregó por los únicos privilegiados: los hijos de los trabajadores. Y por ahí justificaba la verosimilitud del relato.

Veinte años después me encontré nuevamente, comprando materiales, en el corralón. Juan Alberto Calandria ya falleció, y mi interlocutor ahora era su hijo menor, Héctor. Le pregunto sobre los dichos de su padre. Me dirige a su hermano mayor: “El sabe”. Juan Carlos suelta la respuesta como si hubiese aguardado la inquisición por largo tiempo, como si la tuviera reservada para ese momento y exclama. “¡Sí. Si mi papá me contó que la señora me tuvo en brazos! Yo tenía cinco años”. De esta forma, reproduce la transmisión oral, esa que nunca se pierde. Por entonces las familias Calandria y Andreóli eran vecinos, fusionaron en matrimonio y unieron sus propiedades. Así crearon -al paso del antiguo Puente Márquez-, un complejo de almacén, pulpería y recreo para los viandantes llamado El Descanso; al final de la calle Brandsen. Era la única calle asfaltada, allá por 1930, y el límite de la civilización hasta que hicieron la Autopista del Oeste. Del otro lado de la Gaona: a excepción de algunas quintas, el campo hasta el río Reconquista. Evita compartió toda la jornada con los compañeros tranviarios. Hicieron un asado en el patio y tendieron las mesas. Calandria se enorgullece al decir que ya entonces el lugar contaba con instalaciones completas, con agua caliente en los baños. A media tarde, un poco fatigada por el viaje y su delicado estado de salud, la esposa del primer mandatario pidió un lugar para descansar. Le ofrecieron una habitación donde hoy funciona la oficina del corralón. A grandes rasgos, son las evocaciones transmitidas de padre a hijo. Hay otro testigo, Francisco Andreoli, tío de los Calandria, que aportó su testimonio.

Con estos datos me dirigí al Museo Evita para corroborarlos y evidenciar la fecha exacta. Recorrí los cuatro tomos que contienen las efemérides del diario Democracia hasta dar con la noticia. Fue el 6 de septiembre de 1951. Dar con la fecha exacta me permitió buscar más información e imágenes fotográficas. En la sede central de la Unión Tranviarios Automotor no tienen siquiera registro del hecho. La Colonia de Vacaciones está cerrada por refacciones.
Además, procuré corroborar con diarios de la época y encontré que el diario La Nación cubrió la noticia con un pequeño párrafo. También el diario Clarín; éste publica una foto de Eva Perón en pleno discurso ante los miembros del gremio tranviario y reproduce el discurso íntegro de la abanderada de los humildes.
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Comparto la evocación y las imágenes, en la seguridad que estos recuerdos contribuyen a afianzar la identidad vecinal y, a la instalación de la certeza sobre el paso de María Eva Duarte de Perón por Ituzaingó. Un acontecimiento relevante y digno de conmemorar el próximo 6 de septiembre. El Descanso, aún conserva su fachada de piedra vítrea, que compone el nombre en forma vertical a un lado del frente. Tal vez, a la espera de la colocación de una placa  o monolito en homenaje a la figura emblemática por excelencia del pueblo argentino.
Virginia Márquez